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“Lo amigos, son parte bien importante,
porque nos regresan al mundo…”
Al leer sus
mensajes acerca de que algunas personas no cuentan a la
gente cercana a ellas su padecimiento, me llevó a
preguntarme por qué sucedía eso.
Recuerdo cuando me enfermé hace muchos, muchos años, todo el
mundo se enteró de mi enfermedad, obviamente, mi familia
cercana, ya que era sólo una niña de 11 años, pero también
tíos, primos, abuelos, etc. También se enteraron los amigos
de mis papás y hermanas. Asimismo todos mis compañeros de
la escuela y profesores.
Mis amigos
que no eran de la escuela se enteraron también. Era y es un
mundo de gente!!!!!
Ahora que
lo veo en perspectiva, me doy cuenta que se formó una super
red de contención no sólo para mí, sino también para mis
padres y hermanas, ya que si bien la hospitalizada,
medicada, anémica, dañada renalmente y demás cosas, era yo,
mis hermanas, Jimena de 9 y Alejandra de 4, también vieron
sus vidas cambiadas en una buena parte. Mis padres por su
lado, imagino, deben haber sufrido horrores viendo cómo, de
tener una hija energética, dulce y risueña, me iba
transformando al inicio de la enfermedad en un esqueleto
viviente, neurasténica, que sufría de tremendos dolores en
las piernas que llegaron a postrarme en una cama y a no
poder caminar.
Después fue un mes en el hospital, con los tratamientos que
todos nosotros conocemos, corticoides, ciclofosfamida y no
recuerdo qué más.
Al salir, los cuidados, las rebeldías de la edad, la presión
de que mi padre tenía que irse a vivir a otra ciudad por
trabajo y dejaba a la familia sin el 50% de su base.
En fin, momentos que todos ustedes que leen esto han
experimentado en una u otra medida. Y ahí estuvo a nuestro
lado esa gran cantidad de gente que nos apoyó, nos daba
ánimo, nos prestó atención y ayudó en la medida de sus
posibilidades. Y nunca pensé siquiera que tuvieran lástima
de mí.
Era gente
que me conocía, mucha desde que era un bebé.
Tuve gente
a mi lado que me entendió, a veces más que yo misma, gente
que para incluirme en los planes del grupo, cambiaba
itinerarios, lugares y fechas, que no me cuestionaban cuando
decía buenas noches a las 6 de la tarde o si me levantaba a
las 10 am. Maestros que me dejaron terminar cursos estando
en una cama de hospital y compañeros de escuela, que aún
estando deformada por los corticoides me incluían en todas
las actividades.
Lo amigos, son parte bien importante, porque nos regresan al
mundo.
Mucho
piensa nuestra cabecita sobre lo extraña que es esta
enfermedad. Necesitamos gente que nos regrese de tanto
pensamiento, que nos diga que nos quieren y nos acepten aún
con una enfermedad no curable.
Ahora que ya soy adulta, igual cuento mi condición, a
amigos, futuras parejas, compañeros de trabajo, jefes,etc..
No siento lástima por parte de ellos,
ya que veo
a la lástima como un sentimiento que carece de amor. En
cambio sí recibo su compasión. No tenía muy clara la
diferencia, pero
la palabra
compasión la relaciono a gente que siente empatía, que sabe
lo que es el dolor de una u otra forma y por lo tanto
entiende MI dolor
y el camino
que he recorrido para aliviarlo, unido a un sentimiento de
cariño, amor y/o respeto.
En fin, la
cosa es, ya resumiendo, porque a las 4 de la madrugada
debería estar descansando y no filosofando, que tenemos que
abrirnos un poco a los demás, al cariño que en realidad
despertamos alrededor de nosotros, porque aunque pensemos
que por estar enfermas y deformes causamos lástima, en
realidad hay un montón de gente que nos quiere, que quiere
que seamos felices y que no tengamos dolor ni sufrimiento, y
que sufren también. Tal vez ellos no toman medicamentos,
pero sí quieren saber cómo fueron nuestros últimos análisis,
que se emocionan porque la medicación va disminuyendo,
porque hoy te despertaste y pudiste levantarte de la cama
sin dolor… Démosle a la gente que nos quiere la oportunidad
de demostrárnoslo. Al final, la idea de la lástima está en
nuestras cabezas y de nosotros depende que nos afecte o no.
Besos y
abrazos desde la bella Tijuana.
Enviado al Foro de ALUA por Verónica Rosina Moreno Letelier,
mexico-chilena, desde Tijuana, México.
“El hecho de saber que tenía a mi lado un profesional
confiable y humano, me permitió comprender que tengo esta
enfermedad y que debo vivir con ella, no a pesar de ella…”
Hola
gente!!
Les cuento
que sufro LES desde hace cinco años. Me diagnosticaron, por
casualidad, luego de un accidente, cuando un médico muy
lúcido dijo: “Ajá, todo bien, pero este hemograma merece ser
estudiado…”
Fueron
muchos años de dolores y anemias inexplicables, fueron
muchos años de aspirinas… “Pero, si no tenés nada…!.
La mayor
parte del tiempo fui “MAL ATENDIDA” por los profesionales
que me trataron. Yo era un hemograma, un sedimento
urinario, un anticuerpo positivo… No podía hablar con mis
médicos, porque cuando me llamaban para entrar a la
consulta, me decían: “Adelante Vanesa…” ”Adelante Viviana…”,
“Pasá Victoria…”. Nadie recordaba mi nombre. Ni siquiera
leían la tapa de mi historia clínica donde decía claramente
que me llamo Verónica. Si tenía alguna duda, la respuesta
era : “El LES es una enfermedad crónica, va a estar todo
bien…” Volvía a casa con las mismas preguntas con las que
había llegado…
Un día me
dijeron que me podía aplicar la vacuna contra la Rubéola, y
me hizo mal. (Después me dijeron que la vacuna no debería
haber sido aplicada).
Gracias a
eso terminé en manos de una excelente profesional y persona.
La
enfermedad tomó otro rumbo. El hecho de saber que tenía a
mi lado a una profesional confiable y humana me permitió
empezar a comprender que tengo esta enfermedad y que debo
vivir con ella, no a pesar de ella.
Es difícil,
pero supongo que voy por buen camino.
Verónica
(Buenos Aires)
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"..."La vida
cada día trae las alegrías que sanan, cuenta tus
bendiciones
"
He pasado por esos
días de dolores intensos y al dolor físico del cuerpo se
suma la tristeza, la nuestra y la de los seres que nos
aman, pero el espíritu en esos momentos puede
convertirse en la fuente de fortaleza, es un dolor
del cuerpo y no deberá ser un dolor del alma.
La vida cada día trae las alegrías que sanan, cuenta tus
bendiciones.
Parte de lo que he hecho ha sido recibir ayuda
psicoanalítica. Pero todo, todo está en uno
mismo, cada una de las respuestas, cada uno de los motivos
de curación. Una de mis tareas fue la de revisar mi
colección de buenos recuerdos, y bellas fotografías,
lloré muchisimo hasta que mis lagrimas eran de
alegría. Escribí cartas de amor, muchas no las envíe,
hasta a Dios mismo le escribí, y fui dándome cuenta
que hacemos metamorfosis como las mariposas y las
dificultades se me fueron convirtiendo en retos
cotidianos.
Me dí cuenta que el agua calientita me aliviaba, y pasé
horas de "meditación trascendental" en la ducha,
los masajes también ayudan, y ayudan a quien te los
da, además puedes buscar esencias aliviadoras, perfumes
maravillosos que te ponen en contacto con tu cuerpo
y te permiten dejar ir el dolor haciendote cada vez
más conciente de tu realidad corporal. Cada ratito que
el dolor te deja aprovechalo y sin duda vas a encontrar el
camino de
curarte.
Tengo un libro virtual que se llama "mi cuerpo para
curarme" y allí entre otras cosas encontré que el
lupus y los dolores que tienen que ver con las manos
y las piernas tienen que ver con la falta de proyectos a
largo plazo. Con el abandono que uno a hecho a raíz
de un profunda tristeza que se ha vivido en soledad.
Yo, la más incredula de los mortales, con los más grandes
dolores, me tendí un día desnuda en el piso de mi
cuarto y le dije a Dios que alli estaba, entregada
totalmente y empecé a respirar pensando que en cada
inspiración él entraba en mi cuerpo para sanarme y
en cada expiración liberaba mi cuerpo de dolor y fuí
llenandome de fé.
Fé en que cada día la vida me pondría en contacto con los
seres, con los libros, con las dificultades que me
fortalecerían para recuperar la alegría que me
habían permitido ser una persona sana, feliz y luchadora
hasta esos días tan dificiles que parecían no
terminar.
Mi hermana Ximarita me dijo un día que tenía que creer en
mi medico, que esa relación era muy importante, que
esa relación era con una persona que me daba cada
remedio, como si fuera una poción magica que me curaría y
yo debía ayudarle a que así fuera. Debía contarle
cada dolor para que el pensara como aliviarlo y
tomarlo con fé. Sentir el real afecto que mi medico tenía
por mi.
Mi madre nos daba para los dolores menstruales aguitas de
hierbas aromaticas que siempre bendecía antesy te
juro que eran efectivos.
En esos días soñé que iba al consultorio de mi medico y le
preguntaba -
Doctor alguna vez se le curó un paciente? y antes de que
pudiera contestarme
yo le decía -Pues preparese por que yo seré la primera.
Que más podría decirte?
Que desde el fondo de mi corazón te deseo fortaleza, y te
envio luz profunda y sanadora.
Un abrazo
Gloria.
Gloria Esperanza
Ramírez
Cali - Colombia
...el
camino hacia una vida mejor empieza con un primer paso, el
mío"
Mi experiencia con el Lupus
Cuando fui al medico a llevarle los resultados por una
anemia leve que tenia, nunca hubiese imaginado que el
diagnostico iba a ser Lupus. No tuve reaccion, no sabia de
que me estaba hablando, simplemente no entendia. Lo
primero que hice fue llegar a mi casa y buscar en una
enciclopedia que era el Lupus. No fue mucho lo que
encontre, pero de algo me daba cuenta, que era serio.
La sensacion que senti al principio era que algo se habia
roto, yo no era la misma de antes, tenia una enfermedad y
me tenia que hacer cargo de ella, y no tenia idea como.
Un dia, un conocido ,me dice que en un diario habia salido
una nota sobre el Lupus, la busque y era una nota donde
hablaba del Lupus y de la contencion emocional para el
paciente.
Me quede impresionada, intuia que eso era lo que yo
necesitaba. Me contacte con Alua y empece los grupos de
contencion emocional y recibi muchos folletos e
informacion, y sentia que no era la unica, ese fue el
primer paso para sentir que se podia vivir con Lupus.
Me costo mucho y a veces me sigue costando aceptar que
tengo
una enfermedad cronica, que hay veces que puedo hacer mi
vida normal y hay veces que simplemente "no puedo". Hoy
entiendo que esta enfermedad es una de mis mejores
"maestras" me enseña que tengo fortaleza para llevar un
tratamiento adelante, para pasar los momentos dificiles,
me recuerda que soy "humana" y que esta bien que no pueda,
esta bien no ser perfecta. Me enseña a ser constante en el
cuidado de mi salud, tanto fisica como emocional.
Y hoy se, que mientras yo tenga esperanza de que puedo
vivir cada dia mejor, las cosas se van a ir dando, por ahi
no en la forma que quiero, pero si, de la forma que
necesito.
Hoy necesito hablar de lo que pasa, poner en palabras mis
sentimientos, no guardar nada mas, mejorar mi comunicacion
con la gente que me rodea, buscar el afecto y contencion
que necesite, concurrir periodicamnete al medico y sobre
todo conocerme y conocer lo mas que pueda sobre esta
enfermedad.
Estoy segura que el camino hacia una vida mejor empieza
con un primer paso, el mio, los demas pasos seran
acompañados de un monton de gente que quiere ayudar, solo
hay que estar dispuesta
a recibir esa ayuda.
Gracias
Maria Ines Mosquera - Olivos
"Ponerse en el lugar del enfermo,
cambiar mentalmente su silla de detrás de la mesa de su
despacho y situarse también mentalmente en la silla del
enfermo"
(Carta presentada por una paciente en el IV Congreso
Internacional de Enfermos de Lupus, realizado en Barcelona
en Marzo de 2001)
"Soy una enferma de Lupus Eritematoso "en remisión" desde
hace 22 años. A los 18 años tuve las primeras crisis
de la enfermedad. Durante 17 años fui tratada como
enferma de "fiebres malta", tomando en cada crisis de
fiebre y dolor articular, Cortisona y Terramicina.
En estos 17 años pasé por varias consultas, especialmente
de Alergólogos y de medicina en general. La
equivocación reiterada en el diagnóstico y,
consecuentemente, del tratamiento aplicado, han supuesto
que en la actualidad esté sufriendo los efectos
secundarios correspondientes.
En 1979, con 35 años, casada y
con dos hijos, una fuerte crisis de poliartritis aguda,
con el consiguiente tratamiento intensivo y sin mejorar,
provocó un empeoramiento de toda mi salud en general.
Dando muchísimas gracias a
Dios, tuve la suerte de que mi hermana que es enfermera se
contactase con un buen equipo de médicos internistas del
Hospital Miguel Servet de Zaragoza. Me
diagnosticaron: Lupus Eritematoso Diseminado y,
milagrosamente, me salvaron la vida. Actualmente me
encuentro mejor que nunca, dentro de todas las
limitaciones y problemillas de salud que tengo. Soy
consciente de que parte de estos problemas son por el
Lupus, pero fundamentalmente por los efectos secundarios
de la ingesta excesiva y errónea de la medicación durante
17 años. Mis autoanticuerpos no están activos, por
lo tanto mi Lupus "está en remisión" y yo puedo más que
él. Psicológicamente, soy muy fuerte y luchadora, y
esto es lo que más me ayuda a afrontar con valentía una
enfermedad como el Lupus.
Quisiera aprovechar la
circunstancia de haber podido asistir a este Congreso,
para, por una parte, felicitarles a ustedes como
profesionales de la medicina por esa labor tan estupenda
que hacen con nosotros, los enfermos, y para que reciban
nuestra admiración, cariño y respeto. Por otra
parte, me gustaría que transmitan en mi nombre y en el de
todos los enfermos de Lupus a sus compañeros médicos, una
idea fundamental en la medicina: "el ASPECTO PSICOLÓGICO
del enfermo al que están asistiendo". Un buen
profesional de la medicina, nunca, nunca, debería
olvidarse de esto, simplemente si se esforzase en "PONERSE
EN EL LUGAR DEL ENFERMO, CAMBIAR MENTALMENTE SU SILLA DE
DETRÁS DE LA MESA DE SU DESPACHO, Y SITUARSE TAMBIÉN
MENTALMENTE EN LA SILLA DEL ENFERMO."
En mi caso, vuelvo a dar
gracias a Dios, porque yo he sido siempre muy consciente
del momento y la circunstancia de la enfermedad, de que
estoy bien, de que no tengo nada que temer, de que si te
lo propones, en la vida todo es superable. Pero he oído a
otras enfermas decir el daño que la actitud indiferente e
insensible de algunos médicos les produce.
Reciban un cordial saludo."
M. Pilar Fernández Pérez
(Zaragoza - España)
"CORAJE"
Dedicatoria: A Claudia Cáceres, que no sólo inspiró este
cuento, sino que inspira en mí y espero que en ustedes
también, ese sentimiento de admiración que tanto se
necesita en estos tiempos de vanidades y frivolidad. Ella
lucha por algo mucho más fuerte que un futuro lejano.
Lucha por el hoy.
No lo tenía resuelto, tengo la pusilánime costumbre de
retrasar las decisiones más pesadas. Me envuelvo en
marañas de pensamientos y excusas que disfrazan mi
cobardía. Pero mami se hacía cargo de Vero a la salida del
colegio y yo podía ir directamente después del trabajo.
A pesar de la tos que no me abandonaba, me prometí no
acercarme demasiado y disfrutarla. Su inmunodeficiencia no
tolera virus alguno.
Las cuatro cuadras desde la salida del subte hasta el
hospital se hicieron muy largas. En el trayecto le compré
una pluma, ¿viste que se usan nuevamente las plumas con
cartucho, como cuando éramos chicas?. A Claudia le gusta
escribir, y pensé que tendría demasiados diarios y
cuadernos. Convencida de que la pluma le agradaría subí
las escaleras.
El edificio parecía un coloso. Anchas y altísimas, las
escalinatas me separaban del "olor" del hospital. Ese
"olor", mezcla de desinfectantes y de la humillación de la
enfermedad que me trae tantos tristes recuerdos.
Atravesé los inmensos portales de vidrio del hall y me
encontré con los carteles indicativos. Tengo la sensación
de que los carteles de los lugares públicos están ubicados
especialmente para desorientar. Encontré el ascensor que
iba al 4º piso y, ya allí fui a espiar primero la 418,
pero Clau no estaba. Espié la 417, la 419, y pasó un
enfermero. Le pregunté por ella y me contesta: ¿La
morocha? Está en la 423. Me enteraría más tarde que hay
dos enfermeros para un piso de 72 camas, siempre ocupadas,
por supuesto.
Espié con pudor la 423; estaba sentada en la cama
escribiendo. No la vi tan mal, la cortisona para
contrarrestar el lupus te deforma, pero me vio y dio un
respingo. Su sonrisa es más fuerte que todo. Estaba
"enchufada" a una máquina para licuar su sangre y recibir
suero y calmantes. Rodeada de peluches y portarretratos de
su familia y ahijados, tiene muy claro el poder de los
afectos. Transforma su entorno en un lugar grato, sea cual
fuere.
Si la madurez y la rutina de la vida me alejan de lo
místico, Claudia refleja claramente la teoría oriental del
karma. Esa carga que arrastramos pero que depende
exclusivamente de nosotros; ella la transforma en
felicidad para el prójimo.
Su compañera de cuarto era una viejita con la cadera rota
que apenas llegué me pidió que le moviera la cama. Claudia
le aclaró que yo era su visita, que me dejara charlar
tranquila con ella. Acababa de recibir adiestramiento de
su psicóloga después de una crisis y tenía bien en claro
que no se debía dejar avasallar. Después me di cuenta; en
el lapso de nuestra charla, la viejita se quejaría,
lloraría y se reiría junto a nosotras alternativamente
para llamar la atención, como una criatura.
Hace poco me llegó por correo electrónico un párrafo que
la refleja por completo: "Hay una tremenda felicidad al
hacer a otros felices, a pesar de nuestros propios
problemas. Compartir las penas es dividir el sufrimiento,
pero compartir la felicidad es duplicarla. Si quieres
sentirte afortunado, simplemente cuenta todas las cosas
que tienes y que el dinero no puede comprar. HOY es un
regalo, es por eso que se llama EL PRESENTE".
Nosotras hablamos de lo que se te ocurra. Desde sus
ahijados, nuestros parientes en común, de lo bello que era
el color de las nubes que se divisaban por el ventanal,
del color tornasolado del cuello de las palomas que se
posaban en la cornisa, de su mejor amigo, o de la
destartalada bolsa de crochet que tejería su hermana, que
llegara al final de mi estadía, cargada de manualidades.
Acostumbramos a destornillarnos de risa hasta que nos
duelen las mandíbulas. Recapacitamos del escándalo cuando
la viejita se quejó de que nos reíamos demasiado alto. Al
rato la descubrimos riéndose de nosotras...
Sandra E. Fonseca
(Capital Federal)
"¿PARA QUE YO...?"
Me he preguntado durante mucho tiempo y con respecto a mi
salud ¿por qué yo...? Y luego me decía ¿por qué no yo...?
Escuché a alguien decir que esas preguntas no llevan a
nada, y con razón.
En cambio ¿para qué yo...? me hace ver cuán útil se puede
ser desde este lugar. El ¿para qué yo...? me ha humanizado
y llevado a entender a los demás en sus problemas de
salud.
Por mi vida han pasado muchos amigos que quedaron en el
camino, por mi salud. Ellos no me necesitaban. Y
aparecieron otros, esos que como yo tenían necesidades
ocultas, con deseos de compartir cosas y experiencias.
Ellos están en el Grupo de Apoyo de ALUA, gente joven y no
tanto, todos con un mismo deseo, buscar soluciones,
contenernos, llorar y reir juntos y más que nada, saber
que no somos los únicos. Y hay más, esos otros
desconocidos aún, que necesitan de nuestra palabra,
contención y orientación hacia buenos y exitosos
tratamientos.
Aquí estoy, amigos y amigas. Ahora sé que ¿por qué yo...?
no existe más. ¿Para qué yo...? sí. Para extender la mano
a quien me necesita.
Lydia Esther Reyero
(Florida - Bs.As.)
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