Lupus
Eritematoso Sistémico y Riñón
Muchas veces se ha insistido
desde estas páginas en el hecho de que el Lupus
Eritematoso Sistémico es una enfermedad crónica, de
causa desconocida pero de mecanismo autoinmune que causa
inflamación de distintos órganos y sistemas del
organismo, en especial la piel, las articulaciones, las células
que circulan en la sangre (glóbulos rojos, blancos y
plaquetas) y el riñón. La afectación de
este último órgano y merece ser aclarado que al decir órgano
nos referimos a todo el tejido renal, es decir; a ambos riñones,
explica que los nefrólogos participemos de la asistencia
de un número importante de pacientes con Lupus en algún
momento de su evolución.
La afectación renal,
que siempre es de ambos riñones, se produce porque en los
mismos se deposítan los inmunocomplejos que caracterízan
a la enfermedad y provocan inflamación. Cuando un órgano
se inflama los médicos usamos la terminación "itis".
De allí que hablemos de nefritïs lúpica.
Más precisamente como
dentro del riñón lo que más frecuentemente se afectan
son los glomérulos, que son una especie de pequeño
ovillo de vasos que se encargan de filtrar la sangre y
producir orína, usamos el término Glomérulonefritis
lúpica. Es decir; inflamación de los glomérulos
renales producida por el Lupus.
La
glomerulonefritis lúpica afecta a aproximadamente el 50%
de los pacientes con Lupus si se utilizan medios clínicos
de evaluación (es decir; el interrogatorio, el examen físico
y análisis de laboratorio). Esta proporción es substancíalmente
mayor si se efectúan siempre estudios con microscopio por
medio de la biopsia de riñón. Pero como ya insistiremos
este método no tiene indicación clara sino en una
proporción limitada de las pacientes con Lupus. En
consecuencia el diagnóstico de glomérulonefrítís lúpica
se efectúa habitualmente por medio de la evaluación clínica
y de laboratorio y estos procedimientos deben ser
indicados por el médico responsable de la atención
global de la paciente. Puede ser un reumatólogo, lógico
depositario de la confianza de la paciente (recordemos que
el 90% son mujeres, y de allí lo de "la" y no
"el" paciente) ya que las articulaciones
se afectan en un 95% de los casos, pero también puede ser
un clínico, un dermatólogo u otro especialista que
siempre debería conservar una visión de conjunto de la
paciente. Los métodos de laboratorio más importantes
para el diagnóstico son las pruebas de función renal y
el análisis de orina. Sí la orina tiene proteínas o si
presenta glóbulos rojos - es decir; sangre - es razonable
suponer que si el Lupus ya está diagnosticado se trata de
una glomerulonefritis lúpica.
Lo que sucede es que la
magnitud o gravedad de afectación renal es muy variable y
por lo tanto si hay signos de que el riñón está
afectado estos métodos no son suficientes y en ese
momento casi siempre entramos en juego los nefrólogos.
Efectuamos una evaluación
un poco más detallada y nos planteamos si resulta o no
necesaria o conveniente una biopsia renal. La biopsia
renal consiste en obtener con una aguja especial un pequeño
cilindro de tejido renal. Este es muy pequeño, del tamaño
del cuerpo de un clavo de pared finito, de modo que de
ningún modo se afecta la función de los riñones. Las
biopsias, hoy en dia, son muy seguras y las complicaciones
del procedimiento son, en manos hábiles y con
experiencia, extremadamente raras.
Este método nos da
información muy útil acerca de la gravedad de la
nefritis lúpica, nos permite establecer un pronóstico
alejado y nos indica cuál es el tratamiento más
adecuado. Con frecuencia los nefrólogos y reumatólogos,
trabajando en equipo, nos reunimos con el patólogo y
vemos juntos el resultado y allí decidimos el plan de
tratamiento.
Tratar la nefritis lúpíca
implica un permanente balance entre beneficiar al riñón
por un lado y perjudicar a la paciente por la toxicidad de
los medicamentos por otro. Este es un equilibrio muy
delicado que exige experiencia, criterio, calidez humana y
adaptación a cada caso individual. Los tratamientos deben
ser hechos "a medida". Utiizamos cortisona, a
veces a dosis muy altas y por vía endovenosa y
ciclofosfamida a veces también a dosis altas y por vía
endovenosa y, según los casos, azatioprína y antipalúdicos.
El pronóstico de una
paciente con nefritis lúpica aún en sus formas serias,
es bueno en el corto y mediano plazo si se la trata
adecuadamente. El diagnóstico precoz, la atención médica
continuada y centralizada y supervisada por un único
profesional que conserve una visión de conjunto son
complementos esenciales para un camino exitoso.
Sin embargo, a pesar del
cuidado más minucioso y los tratamientos más apropiados
puede ocurrir que la inflamación no logre controlarse y
el daño que se va ocasionando en los riñones produzca
cicatrices que van llevando lentamente a la insuficiencia
renal. Cuando este proceso llega a determinado punto la única
alternativa es la diálisis, ya sea hemodiálisis o diálisis
peritoneal o el trasplante renal. Esto ocurre muy
infrecuentemente pero sucede, en especial luego de muchos
años de evolución de la enfermedad renal. Las distintas
formas de diálisis y el trasplante se pueden llevar a
cabo sin problemas en la paciente con Lupus y de hecho es
muy raro que la enfermedad reaparezca en el riñón
trasplantado.
En resumen,
la nefritis lúpica es una eventualidad que afecta
a una proporción sustancial de las pacientes pero sólo a
una proporción escasa en sus formas graves. Los
tratamientos actuales son eficaces aunque no exentos de
ciertos precios que en ocasiones hay que estar dispuesto a
pagar para obtener beneficios en el largo plazo. Estos
medicamentos siempre deben ser supervisados por un
profesional competente y con experiencia y no deben ser
modificados o suspendidos sin consultar con dicho médico.